El miedo es una emoción primaria que todos los seres humanos sentimos en mayor o menor medida.
Es una emoción necesaria porque, gracias a ella, somos prudentes y activamos nuestros sistemas de defensa.
Así pues, hay que aprender a convivir con esta emoción, pero sin quedarnos “pegados” a ella.
Los seres humanos tenemos miedo a muchas cosas: al rechazo, al abandono, a la falta de recursos, a ser lastimados, a la muerte, a las enfermedades…etc.
El problema surge cuando la persona siente miedo de forma crónica y extrema, llegando a sentir incluso pánico.
Con un nivel de miedo moderado, la persona puede activarse; pero ante un miedo extremo, se paraliza y se bloquea completamente. Una persona con miedos constantes vive en un estado de alerta, tensión y nerviosismo.
¿Quieres dejar de sentir miedo?, indaga en tu vida; el autoconocimiento es tu mejor arma para abatirlos y superarlos.
Mediante la terapia regresiva puedes acceder a tus temores más profundos. Debes contemplarlos y comprender el motivo por el cual están en ti.
Trabaja en tu propia historia personal: desde cuando los sientes, qué tipo de miedos son y con qué intensidad los sufres.
En tu historia reside la respuesta y también la sanación. Busca el origen de tus miedos.
Indaga con la terapia regresiva dónde y cuándo se originaron.
¿Cómo fue tu juventud e infancia? Quizás hubo muchos momentos en los que sentiste miedo: a la oscuridad, en el colegio porque sufrías Bull ying, o en casa con las discusiones que presenciabas. Puede haber muchas situaciones de miedo en tu historia que no han sido resueltas, superadas ni sanadas.
Os cuento el caso de Ana, una mujer de 37 años, con un trabajo estable y buena presencia, pero bloqueada también por sus miedos constantes que le impedían avanzar. No se atrevía a hacer cambios en su vida ni a salir de su zona de confort.
Al repasar su vida emocional, descubrimos que había sufrido de miedo desde muy niña.
Siendo muy pequeña sentía miedo en casa a causa de las discusiones constantes de sus padres. Su padre, muy autoritario, se pasaba el tiempo gritando a su madre e incluso a ella; nunca nada estaba bien hecho para él, se quejaba por casi todo y las discusiones cada vez subían más de tono y la tensión escalaba hasta la violencia verbal y física.
Ana, hija única, fue una “decepción” para su padre, quién deseaba un varón.
Ella lo sufría en silencio, imitando la sumisión de su madre que hacía las tareas de la casa lo mejor que sabía y se ocupaba de ella con cariño.
Su padre lanzaba amenazas frecuentes: “¡Me voy a ir y os quedaréis solas¡”, “no sirves para nada”, “esta comida no me gusta”, “ojala hubieras sido un niño”.
Como Ana sabía que su padre hubiera querido que fuera un varón, puesto que se lo había verbalizado él mismo, se creía totalmente que un día su padre las abandonaría y vivía con ese temor todo el tiempo. Miedo al abandono, miedo a no tener para comer, miedo al rechazo, a la soledad, la incertidumbre…
Al comenzar la primaria, Ana sufrió Bull ying debido a su ortodoncia. Los niños se burlaban de ella sin que ella osara defenderse. Tenía miedo de defenderse porque en ella yacía un miedo inconsciente a una posible agresión física, había copiado el patrón materno. Se callaba y lo sufría en silencio. Cada vez se encerraba más en sí misma.
A esa edad Ana ya se sentía desvalorizada por su padre completamente y en la escuela no acababa de encontrar su lugar, su grupo de amigos en los que apoyarse o sentirse querida.
Pero lo más revelador surgió al indagar en su gestación con la terapia regresiva.
En los primeros meses de gestación Anna sentía el amor de su madre hacia ella, pero al revelarse que era niña, ese amor se desvaneció, se tiño de tristeza e impotencia materna.
Su padre llegó a verbalizar que no quería a esa niña, decía que “las niñas no servían para nada”, que quería tener un hijo. También verbalizó que “ojala se muriera ¡”, lo cual impactó directamente como una lanza en Ana.
Su madre estuvo aturdida durante semanas, perdida en una gran tristeza, pero en ningún momento pensó en perder a su hija, ella la deseaba y la quiso desde el primer momento.
El ambiente de humillación y desprecio marcó su llegada al mundo.
Gracias a la terapia regresiva Ana trabajo duro para comprender y sanar todos los miedos sentidos ya desde su gestación e infancia. Por supuesto tenía una gran fortaleza en la que se apoyaba que era el amor de su madre desde el primer momento.
A los pocos meses dejó atrás todos esos bloqueos, sus miedos se fueron esfumando en cada regresión y su autoestima fue creciendo y creciendo. Comprendió que ahora era ella quién debía amarse, y respetarse por encima de todo y de todos. Su valor y confianza fue creciendo, empezó a priorizarse, a poner límites y encontró el propósito de su vida.
El miedo puede haber sido el compañero que te protegió en el pasado, pero no tiene por qué ser el dueño de tu futuro.
Nuestras heridas más profundas suelen estar escondidas en lugares a los que la mente consciente no siempre puede llegar. La terapia regresiva es el puente hacia esa liberación.
No permitas que miedos que no te pertenecen sigan dirigiendo tu vida; al encontrar el origen, encuentras la llave de tu propia libertad emocional.
Tienes la capacidad de reescribir tu historia desde el origen.
Sanar no significa olvidar lo que pasó, sino quitarle el poder de detenerte hoy.
Tu historia personal guarda las respuestas que llevas años buscando. No dejes para mañana la paz que puedes empezar a construir hoy
El primer paso para abatir tus miedos es el valor de querer mirarlos de frente.
¿Te atreves a iniciar el viaje hacia tu sanación?
Sanar no significa olvidar lo que pasó, sino quitarle el poder de detenerte hoy.
Tu historia personal guarda las respuestas que llevas años buscando. No dejes para mañana la paz que puedes empezar a construir hoy
Terapeuta en Barcelona y especializada en todo tipo de Psicoterapias, Regresiones, Anatheóresis, Tarot evolutivo y Numerología.
Visualiza y suscríbete a nuestro canal de YouTube o si te ha gustado esta entrada, compártelo y no te pierdas la siguiente.
0 comentarios